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Lexema: tempera(mento) lat. temperā(re)     'mezclar'

temperamento[temperament]
m. (Psiquiatría/Psicol.) Manera de ser o de reaccionar de una persona ligada a su constitución física.
lat. temperāmentum [temperā(re) lat. 'mezclar' + -men-tu(m) lat. 'instrumento']
Leng. base: lat. Antigua calco del gr.. Docum. en 1444 en esp. Con el significado actual; en fr. en 1478, en ingl. en 1471. En lat. clás. significa 'mezcla en su justa proporción'. Se empleó desde el s. I d.C. (antes se utilizó temperātiō), para traducir el término gr. krâsis κρᾶσις, 'mezcla de los cuatro humores que marca la constitución y carácter de la persona', propio de Hipócrates, s. V a.C., y difundido después por Galeno, s. II d.C., uno de cuyos tratados fundamentales se titula en gr. Perì kráseōn, traducido al lat. De temperamentis. Pasó a lat. tardío y medieval.
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Esta palabra también aparece en las siguientes entradas:
eucrático, ca; sanguíneo, a; temperatura
Comentario
4 elementos, 4 humores, 4 temperamentos
Cuando hace ya más de tres años se publicó en Dicciomed el comentario de humor dejamos pendiente uno posterior dedicado a temperamento. Ambos términos están muy relacionados y tienen historias bastante parecidas por lo que su estudio resulta complementario. El significado actual de ambas palabras solo se entiende en el marco de la teoría humoral que explicamos brevemente a propósito de humor.

Los valores propios del término temperāmentum, los que recogen los diccionarios latinos, son ‘mezcla en su justa proporción’ y ‘compromiso entre calor y frío’; son significados acordes con el verbo emparentado temperāre ‘mezclar’, del que deriva español templar o atemperar. Sin que exista seguridad total, se ha puesto en relación temperāre con la raíz de tempus ‘tiempo’, entendido en el sentido de ‘corte temporal’, ‘división’ (cf. Ernout-Meillet). No es fácil entender qué tienen que ver los significados referidos con el valor actual de temperamento. La única forma de hacerlo es partir del hecho de que ese significado que no encaja con los propios de latín se debe a un calco del griego. En efecto, según Ernout-Meillet, el latín usó primero temperātio y después temperāmentum para traducir griego κρᾶσις krāsis, ambos sustantivos derivados del verbo temperāre. En griego el significado básico y originario de κρᾶσις krāsis era ‘mezcla’, por tanto temperātio y temperāmentum eran buenas traducciones; pero en griego la palabra significaba otras muchas cosas que se incorporaron a los términos latinos en un proceso de calco. Solo desde el griego se entiende el significado referido al carácter que adoptó temperāmentum en el propio latín, y después en lenguas modernas, que en origen era ajeno al latín.

Debemos por tanto adentrarnos en el estudio de κρᾶσις krāsis para entender por qué temperamento significa lo que significa. Era un término fundamental en la medicina griega porque expresaba una de sus concepciones centrales y originales. Dejemos que sea el propio Hipócrates quien nos lo explique:

«El cuerpo del hombre contiene en sí mismo sangre, flema, bilis amarilla y negra. En eso consiste la naturaleza del cuerpo y por eso está doliente y está sano. Está sano en el mayor grado, por tanto, cuando están en la proporción adecuada esos componentes tanto en su capacidad de interrelación mutua como en su cantidad y cuando están mezclados al máximo.» (Naturaleza del hombre 1.4). “Proporción adecuada” se corresponde a κρᾶσις krāsis.
Tenemos expuesta aquí con toda claridad el núcleo de la fisiología y patología antiguas; cosas parecidas un poco antes cronológicamente decía Alcmeón de Crotona. El cuerpo está constituido por cuatro humores o líquidos constituyentes, sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra, que están mezclados unos con otros. Esos cuatro humores están relacionados con los cuatro elementos aire, agua, fuego y tierra, como explicamos con más detalle en el comentario de humor. Cuando están bien mezclados y en la proporción adecuada el cuerpo está sano. κρᾶσις krāsis expresa al mismo tiempo el concepto de ‘mezcla’ y el de ‘proporción adecuada’. Esa concepción es la piedra angular de la fisiopatología hipocrática y a partir de ahí del conjunto de la medicina griega en cuanto que Galeno sigue el mismo punto de vista. De la misma forma que la salud y la enfermedad dependen de la mezcla en su justa proporción de los cuatro humores corporales, la agudeza mental también, tal y como señala Empédocles en este pasaje:

«Aquellos que tienen los elementos mezclados por igual y en proporciones parecidas … esos son los más prudentes y los que mejor disciernen en sus percepciones; … aquellos que no los tienen así son los más estúpidos … » (Diels-Kranz 86.42-46).

Se podría citar un texto de Parménides con un contenido semejante a este (citado en Aristóteles, Metaphysica 1009b22). Así pues, la unión entre humores y temperamentos se fue estableciendo progresivamente y no la encontramos totalmente desarrollada hasta Galeno en el s. II d.C. En esta transición hasta llegar a él son interesantes pasajes de los Problemata, texto atribuido a Aristóteles que en realidad debe fecharse en época helenística, s. III a.C. (1). En la obra citada (954b8) se habla de una κρᾶσις krāsis melancólica que provoca un comportamiento extraño, concretamente de cobardía. En efecto, aunque la mezcla esté equilibrada siempre hay alguno de los cuatro humores que de alguna forma domina sobre los otros. Por eso hay cuatro temperamentos fundamentales como afirma Galeno en su comentario, precisamente, al ya citado texto de Hipócrates Sobre la naturaleza del hombre:

«Pero existe también otro razonamiento sobre la naturaleza de las cosas que tiene gran poder de persuasión, según el cual los cuatro humores son influyentes en la formación de temperamentos relacionados. Pero es preciso demostrar previamente para ese razonamiento que los temperamentos del alma son consecuencia de las mezclas del cuerpo. Sobre eso hemos escrito en otro lugar. Dado eso por supuesto, el temperamento vivo e inteligente del alma ocurre por el humor bilioso, el firme y seguro por el humor de la bilis negra, el sencillo y torpe por la sangre. La naturaleza de la flema no influye en la constitución del temperamento.» (K. XV 97).

Obsérvese que en relación al temperamento melancólico el texto entra en clara contradicción con lo que afirmaba el texto pseudoaristotélico. Quizá lo interesante sea fijarse en el hecho de que las diferencias temperamentales se explican por una base física, después las correspondencias concretas que se establezcan se prestan a discusión, puesto que en realidad dependen de interpretaciones puramente especulativas. Nos interesa también la referencia que hace el texto citado a un tratado galénico que tiene que ver mucho con esto que estamos discutiendo. Está aludiendo al titulado en griego Περὶ κράσεων Perí kráseōn, traducido al latín como De temperamentis. Sin embargo en ese tratado se usa el término temperamento mayoritariamente con un significado que se corresponde con la 6ª acepción que señala el DRAE, es decir “Constitución particular de cada individuo, que resulta del predominio fisiológico de un sistema orgánico” y no referido al carácter, que es lo que estamos estudiando aquí, es decir, el significado habitual hoy día de temperamento, la 1ª acep. del DRAE, “Carácter, manera de ser o de reaccionar de las personas.” De hecho, el propio Galeno escribió otro tratado que incide directamente en lo que estamos ahora discutiendo, se titula Quod animi mores corporis temperamenta sequantur, Que los hábitos del alma están en relación con los temperamentos del cuerpo, usando ahora temperamento en el sentido de la 6ª acepción del DRAE.

Sin embargo en la antigüedad no se encuentra una formulación explícita de la teoría de los cuatro temperamentos y la mejor aproximación es el texto que hemos citado de Galeno que presagia con toda claridad la teoría pero no la formula. Es fácil comprobar que esto es así pues al estudiar los términos que definen los temperamentos descubrimos que en griego antiguo no se usa χολερικός kholerikós referido a un carácter o temperamento sino siempre con el sentido ‘de la persona que sufre diarrea sanguinolenta’; φλεγματικός phlegmatikós no se emplea referido a personas y significa sencillamente ‘de flema abundante’; αἱματικός haimatikós es ‘relativo a la sangre’; solo μελαγχολικός melankholikós se emplea referido al carácter o temperamento.

La teoría de los cuatro temperamentos aparece formulada con toda claridad en textos que hoy se fechan en torno al s. VI d.C. (2) y no es de extrañar que aparezca en la Edad Media en el s. XII, con los adjetivos latinos correspondientes (sanguineus, cholericus, phlegmaticus, melancholicus), así en Guillaume de Conches, De philosophia mundi, o en Hugo de Folieto, De medicina animae. La caracterización que se hace de estos cuatro elementos vinculados a los cuatro humores corporales es esquemáticamente la que puede verse en esta imagen. (Pulse en la imagen para ampliarla).Wikipedia, s.v. Cuatro humores Es decir (3):

- el sanguíneo, en cuya κρᾶσις krāsis, temperamentum o mezcla de los cuatro elementos, domina como humor la sangre y el elemento más relacionado es el aire, es valiente, esperanzado y amoroso.

- el colérico, en el que el humor dominante es la bilis y el elemento más relacionado es el fuego, es fácil de enojar y tiene mal temperamento.

- el melancólico, en el que el humor dominante es la bilis negra y el elemento más relacionado es la tierra, es abatido y depresivo.

- el flemático, en el que el humor dominante es la flema y el elemento más relacionado es el agua, es calmado e indiferente.

Mientras que la teoría fisiológica de los cuatro humores pervivió hasta el s. XVIII en que los avances en el conocimiento de la estructura celular la desplazaron definitivamente, no ha ocurrido lo mismo con la teoría de los cuatro temperamentos que para muchos sigue vigente hoy día a través de reformulaciones (como la de Rudolf Steiner a principios del s. XX, la de Ernst Kretschmer, Körperbau und Charakter 1921; la de Alfred Adler en los años 30 del s. XX, etc., que la han ido rejuveneciendo, aunque cada vez esté más alejada de la ciencia más seria y rigurosa. Puede verse aquí un esquema con alguna de estas formulaciones.

Francisco Cortés. Abril de 2011 (modificado en septiembre de 2012).

La bibliografía citada de forma abreviada puede verse en extenso aquí.

(1) Es muy interesante el capítulo que dedica a la cuestión Maria M.Sassi, La scienza dell’uomo nella Grecia antica, Torino 1988, (cap. II, “The physiognomical gaze” en su traducción inglesa en The science of man in ancient Greece, U. of Chicago Press, 2001).

(2) J. Jouanna «La théorie des quatre humeurs et des quatre tempéraments dans la tradition latine (Vindicien, Pseudo-Soranos) et une source grecque retrouvée», REG 118, 138-167.

(3) Para los que no se fíen de la Wikipedia como fuente, pueden usar la p. 159 de la versión inglesa de la monografía citada en la nota anterior.

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