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Lexema: himen gr. hymḗn ὑμήν     'membrana'

himen[hymen]
m. (Anat.) Repliegue membranoso que reduce el orificio externo de la vagina mientras conserva su integridad.
lat. renacent. hymen [hymḗn ὑμήν gr. 'membrana']
Leng. base: gr. Antigua reintroducida. Docum. en 1514 en lat. renacent. Docum. en fr. hymen en 1520. En gr. se aplica a cualquier membrana desde Hipócrates, s. V a.C.; el uso moderno procede de textos de Sorano, s. I-II d.C. recogidos por Oribasio, s. IV a.C., en que aparece en el sentido actual, a pesar de que lo desconozcan los diccionarios, excepto el TLL, reaparece en lat. tardío, s. IV-V en Servio Gramático perfectamente definido.
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procedencia de la imagen: http://es.wikipedia.org/wiki/Himen
Comentario
Especialización latina de un término griego
Un fenómeno típico de la evolución de las palabras desde sus orígenes griegos o latinos hasta hoy es el cambio de significado; vamos a estudiar un ejemplo de especialización.

Hoy disponemos de mucha más documentación sobre himen que la que tenía Hyrtl en 1880 cuando le dedicó en su Onomatologia anatomica un pequeño capítulo en el que sostiene que hasta el anatomista francés Riolan en el s. XVII no se usó himen con el significado actual. Ahora, en efecto, disponemos de dos herramientas muy potentes para la investigación léxica. En griego, el Thesaurus Linguae Graecae, TLG, que recoge en versión electrónica todos los textos literarios y científicos griegos desde Homero, s. VIII a.C. hasta el s. XV d.C.; en latín, el Thesaurus Linguae Latinae, TLL un diccionario exhaustivo que acumula de forma sistemática el testimonio de todos los autores latinos desde época arcaica hasta el s. IV-V d.C.

Aunque tiene razón Hyrtl en que para los griegos hymēn ὑμήν significaba sencillamente 'membrana', cualquiera que ésta sea, no dejan de tener interés las discusiones sobre el himen femenino, usando precisamente esa palabra, en autores griegos, que Hyrtl no mencionó porque los diccionarios de griego, como el de Passow, 1819-1824 en su 1ª edición, o el Liddell-Scott, 1843 en su primera edición, lo ignoraban entonces y siguen haciéndolo, a pesar de que aparentemente citan las distintas membranas a las que puede aludir el término. Por el TLG nos enteramos de que palabra aparece nada menos que 1229 veces en médicos griegos y no es fácil por tanto leer todos los pasajes para comprobar si se usó ya con el significado que nos interesa en la antigüedad, sin embargo mediante búsquedas cruzadas con otros términos descubrimos que Sorano, Oribasio y Aecio utilizaron con toda claridad hymēn ὑμήν para referirse a lo que hoy llamamos 'himen'. Sorano, s. I d.C., discute de su existencia con estas palabras (Gynaeciorum libri 1.17):

"Creer que existe una membrana (hymēn) fina que obstruye la vagina y que se desgarra en el coito con dolor, o antes si se produce la regla, ... es falso. En primer lugar, no se descubre en la disección; en segundo lugar sería necesario que en las vírgenes al introducirles una sonda chocara con algo ...; en tercer lugar, si en el coito al rasgarse el himen se produce un dolor accesorio, sería necesario por fuerza que en las vírgenes, si se produce la regla antes del coito, se asociara un dolor fortísimo que no se produciría ya en el coito ...".

Oribasio, que no suele ser muy original y copia de unos y otros, sobre todo de Galeno, recoge exactamente la misma información en el s. IV d.C. Aecio en el siglo VI d.C. describe (108.16) varias posibilidades para que el útero esté obstruido de nacimiento, una de ellas es por una fuerte membrana (hymēn).

Sin embargo, la aportación más interesante la ofrece el citado Thesaurus Linguae Latinae, s.v. hymeneum. En efecto cita al gramático del s. IV d.C. Donato que dice en Ter.Ad. 904, a propósito de la etimología de hymeneum 'canto de boda':

"...otros, porque se dice himen cierta membrana con la que se defiende la virginidad, piensan que se llama himeneo el himno de las nupcias virginales".

Esta falsa etimología la seguían sosteniendo etimólogos muy serios y sesudos todavía a mediados del siglo pasado (citados por Chantraine); afirmaban que gr. Hymēn Ὑμήν 'divinidad de la boda' (de donde gr. hyménaios ὑμέναιος 'himeneo', 'canto nupcial') es la misma palabra que la que nos ocupa porque se gritaba en las bodas precisamente aquello que iba a perder la novia. No hay nada en la historia del término en griego que avale esa suposición. Mario Servio Honorato afirma lo mismo que Donato y la noticia llegó a las Etimologías de Isidoro de Sevilla, ss. VI-VII, que dice:

"Se dice himeneo por cierto Himeneo que fue el primero que hizo ceremonias nupciales prósperas o a partir de hymēn ὑμήν (en griego en el original), membrana que es cerrojo de la virginidad."

Con esta información el citado TLL ha solucionado definitivamente la cuestión: está fuera de duda que el término se especializó en latín tardío en el sentido actual y que, al haber llegado la información a Isidoro de Sevilla, se transmitió a época medieval en la que fue un autor muy leído; por tanto es una palabra que ha estado en uso continuado en latín con ese significado desde por lo menos el s. IV d.C., probablemente con antecedentes griegos anteriores. De hecho aparece en autores médicos latinos de la baja Edad Media o primer Renacimiento como en la Practica de Juan Miguel Savonarola (Ionannes Michaelis Sauonarole), anterior a 1479 o en el comentario de Jacobo Berengario de Carpi de 1521; según nos informa con gran amabilidad y generosidad el prof. Enrique Montero, catedrático de latín de la Universidad de Valladolid y director del todavía inédito DILAG, Diccionario latino de andrología y ginecología que será una obra fundamental para el conocimiento de la medicina escrita en latín en la Edad Media. No es de extrañar, por tanto, dado el origen hispano de Isidoro de Sevilla, que se documente el término en un autor español, casi un siglo antes que lo utilizara en francés el anatomista Ambroise Paré en 1561. En efecto, gracias al excelente (especialmente para la Edad Media y primer Renacimiento) CORDE o Corpus Diacrónico del Español de la Real Academia, nos enteramos de que Alfonso de Palencia afirma en 1490 en su Vocabulario en latín y romance lo siguiente:

"Himineus era tenido por dios delas bodas & himen segund algunos es la çerradura virginal. Et himen reçibio nombre de vno llamado Himeneo que prospera mente fizo boda. Et himen en griego se toma por la telilla dela muger que esta enla çerradura dela virginidad & se fiende faziendo bodas."

Queda claro de donde está tomando la información y que ésta procede en última instancia de los gramáticos latinos, Donato o Servio. No necesitamos esperar a Riolan, ni tampoco a Vesalio que fue llamado por A. von Haller, restitutor hymenis, como vemos en este artículo de C. Devilliers de 1840 (Barcia Goyanes, 1994, discute en este enlace sobre el conocimiento que tuvo Vesalio del himen). Con todos los respetos a Hyrtl, comprobamos que en su época ya se sabía que Sorano u Oribasio discutían de la existencia del himen y que el primer moderno en utilizarlo fue el anatomista francés Paré, un siglo antes que Riolan. En su descargo, hay que decir también que no se conocía la documentación latina ni medieval que hemos citado ya que el tomo del TLL mencionado no vio la luz hasta 1916.

Francisco Cortés. Abril 2008.

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